Curiosamente complejo resulta referirse a el Diálogo Eterno por tratarse de un
libro íntimamente ligado a la figura de su autor. Y si esta tarea se complica
más que ante cualquier otro libro, las razones parecen ser evidentes tras la
lectura profunda del texto. Por un lado, no se trata de la obra de un frío y
teórico pensador aislado totalmetne de la sociendad que lo rodea, sino de la
pluma candente de la vivencia cotidiana del judaísmo.
Por otro - y fundamentalmente por tratrse de escritos aparecidos
primeramente en ambientes periódisticos ' su estilo directo y comprometido nos
envuelve en una magia indescifrable, generalmente ausente en obras de esta
naturaleza.
Si a ésta le sumamos lo magistral del acto pedagógico de enlazar por medio de
la palabra el pasado y el presente bíblicos, las prisitinas ideas judaicas con
la actualidad de la nuestro tiempo, y la construcción menta del puente que nos
une con la esencia judía de todos los tiempos, nos resultará absolutamente
evidente que esta obra del rabino Pynchas Brener está destinada a convertirse
por su propio peso en un pilar cultural inevitable para quien pretenda traducir
al idioma de nuestro tiempo las insondables enseñansas judías de todas las
épocas.